Desde tiempos antiguos, Jesús promovió un proceso de enseñanza y
aprendizaje que ha evolucionado a través de los años. Él se adelantó a su
tiempo trayendo un estilo de enseñanza único a través de una serie de
principios pedagógicos que encontramos en sus enseñanzas en las Escrituras, y
como maestro, su labor docente fue más allá de simplemente impartir
conocimiento al desarrollar sus enseñanzas de manera integral. A pesar de que
su ministerio empezó ya en sus años treinta, y no era parte de los maestros de
la ley de ese entonces, fue reconocido por la mayoría como maestro, lo cual es
resaltado en los cuatro evangelios. Entre los ejemplos más destacados de esto,
se encuentra el de Nicodemo, quien era un doctor de la ley y se refirió a Jesús
como Rabí (Reina Valera, 1960, Juan 3:2), nombramiento que era otorgado a un
auténtico maestro de esa época. Era considerado un título honorífico. (Ropero
et al., 2017)
Las enseñanzas de Jesús tuvieron una gran relevancia en ese entonces y
siguen siendo relevantes en nuestros días. En la historia, la resurrección
emerge como un punto crucial en el desarrollo y consolidación del movimiento
cristiano actual. Como afirmara el apóstol Pablo, sin esta resurrección,
nuestra fe carecería de sustento, perdería su razón de ser. Los estudiosos e
historiadores que se han adentrado en la figura de Jesús reconocen que algo
trascendental tuvo que ocurrir tras su muerte para que el cristianismo no
pereciera, sino que prosperara y para que los discípulos se transformaran en
los apóstoles que hoy conocemos.
Sin embargo, es fundamental reconocer que no solo la resurrección, sino
también el período de formación de Jesús en los tres años previos a su
crucifixión, es decir su pedagogía en su enseñanza fue crucial en la historia
del cristianismo. Ambos aspectos, la formación de los discípulos durante ese
lapso y la resurrección de Jesús, convergen en la fundación y el crecimiento
del movimiento cristiano, permitiendo que nuestra fe perdure y florezca en el
presente. Jesús solo tenía 3 años. Su tiempo era corto, y sabía que debía
dedicar ese corto tiempo en enseñar de una manera que transforme la vida de sus
aprendices, y que, además, rinda frutos en el futuro. La resurrección fue el
punto de salto para los apóstoles, pero la formación de Jesús fue la
preparación previa para llevar el evangelio y traer el reino de Dios hasta
nuestros días.
La educación ha sido relevante desde tiempos antiguos; en el mundo hebreo,
la educación estaba basada en la Ley de Dios y era esencial en la educación del
pueblo. Era desarrollada por los sacerdotes, los escribas, y los profetas.
Aunque la ley era como la constitución del pueblo, y se esperaba que sus vidas
se desarrollaran alrededor de ella, no siempre la tuvieron presente en sus
prácticas cotidianas según lo registran las Escrituras; lo cual llevó al pueblo
muchas veces a su desobediencia a Dios y hacia su destrucción por dejar de lado
el aprendizaje de la Ley de Dios, y no reconocerlo como maestro.
Siempre ha existido la necesidad de maestros, de aprender sobre temas
distintos, y es ahí donde la pedagogía toma su lugar en el arte de enseñar.
Pedagogía, proviene del griego antiguo paidagogos que, según la antigua
Grecia, el “paidagogos” era el esclavo que llevaba al niño a la escuela, y
velaba por su educación hasta convertirse en adulto. Por lo tanto, la pedagogía
se define como la ciencia que se ocupa de la educación y la enseñanza. En las
escrituras, encontramos también el término paideia del cual se deriva
paidos y que también se refiere al proceso de educación especialmente a través
de la disciplina que lleva a una madurez (Friedrich et al., 2003).
En la actualidad, se está buscando un modelo holístico respecto a la
educación. Según Vásquez (2016), “la educación holista como paradigma de rostro
humano viene a favorecer el nuevo entendimiento de la formación y el desarrollo
armónico e integral de los sujetos en este Siglo XXI” (p. 1). Es interesante
que al profundizar en los métodos educativos que Jesús utilizó, encontrar que
como maestro buscaba un desarrollo integral en quienes lo escuchaban y
aprendían de él; Jesús no sólo impartía los valores del reino sino formaba a
sus discípulos para la vida y la misión en todas las esferas de la vida.
Una Pedagogía que Irrumpe el Sistema
La educación en la sociedad judía antigua se concebía
como un itinerario formativo destinado a guiar a las personas hacia la
perfección espiritual y la realización de la voluntad divina. En este proceso, podemos
identificar 4 aspectos de la educación en el sistema educativo judío:
·
Agentes Educativos
en la Época de Jesús: La educación en la
sociedad judía del pasado se centraba en la familia y la comunidad religiosa.
Los niños recibían una formación moral de sus madres, seguida de la transmisión
del legado religioso por parte de los padres. Los sacerdotes desempeñaban un papel
importante en la enseñanza de la ley y la historia religiosa. A medida que los
jóvenes crecían, recibían formación profesional. Las hijas eran educadas por
sus madres para asumir roles tradicionales en el hogar. Las instituciones
educativas incluían la familia, la sinagoga y las escuelas. La educación judía
se centraba en la transmisión de valores y creencias a través de la comunidad y
la familia.
·
Yasar: Castigo y
Corrección: El término
"Yasar" denotaba la acción de castigar, corregir o amonestar. En el
contexto educativo, esto implicaba la labor instructiva realizada por padres y
maestros para mantener a los individuos en el camino correcto según lo
establecido en la Ley (Torá). Cuando alguien se desviaba de este camino, se
consideraba necesario aplicar corrección y castigo en nombre de Dios. Esta
corrección tenía como objetivo redirigir a la persona hacia la senda de la
rectitud y asegurar que cumpliera con la voluntad divina. No se veía el castigo
como acto de crueldad, sino como un medio para enseñar y guiar hacia la
obediencia y la comprensión de los preceptos religiosos.
·
Musar: Enseñanza y
Disciplina: Por otro lado, el
término "Musar" se relacionaba con la enseñanza y la disciplina. La
educación judía se basaba en la idea de que la corrección y la disciplina eran
elementos esenciales para transmitir el conocimiento y los valores religiosos. A
través de la disciplina y la enseñanza, se buscaba que los individuos
comprendieran y adoptaran la voluntad divina. El castigo y la disciplina
(Musar) no solo implicaban sufrimiento como consecuencia de las acciones, sino
también aprendizaje. La educación judía valoraba el sufrimiento como una
oportunidad para el crecimiento espiritual y la comprensión de los caminos de
Dios.
·
Dualidad entre
"Carne" y "Espíritu": La educación judía también se caracterizaba por la
distinción entre "carne" y "espíritu." Esta dualidad
reflejaba la confrontación entre las tendencias mundanas y espirituales en la
vida humana. La relación entre Dios y el hombre se concebía como un diálogo
libre entre ambas dimensiones, sin caer en una actitud dualista que separara
cuerpo y alma. Esta relación implicaba una búsqueda de la perfección
espiritual, participando en un orden divino que otorgaba sentido a la
existencia humana. La educación judía se entendía como un esfuerzo para
completar el "peregrinaje" de los judíos en este mundo. La vida
humana no debía convertirse en una morada permanente en la tierra, sino en una
preparación para la "nueva tierra" prometida por Yahvé. Esta
concepción educativa contribuyó a la identidad y la espiritualidad judía a lo
largo de la historia.
Es en este sistema que Jesús, habiendo pasado por ese
mismo proceso de educación en cierta forma, irrumpe a los 30 años, con una
pedagogía que cuestiona la forma en que se ha estado enseñando, lo que se ha
estado enseñando, incluso a quienes se les ha estado enseñando, y lo que se
está practicando. Jesús introduce una enseñanza que prioriza la relación
personal con Dios sobre las formalidades religiosas, enfocándose en el amor, la
misericordia y la compasión, y abriendo el camino hacia una comprensión más
profunda del Reino de Dios abierta para todos y todas, sin distinción. Su
pedagogía innovadora cuestiona y revitaliza las tradiciones religiosas,
llevando a sus discípulos y discípulas y seguidores(as) a repensar su fe y
práctica espiritual en un nuevo y transformador contexto.
Jesús, según el relato de Lucas 4,16-21, sintetiza su
misión en cinco puntos: anunciar la Buena Nueva a los pobres, proclamar la
liberación de los cautivos, dar vista a los ciegos, dar libertad a los
oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. En esencia, su misión es
instaurar el Reino de Dios, revelando su misterio y enseñando la ética que lo
caracteriza. Para llevar a cabo esta misión, Jesús recorre diversas regiones,
predicando, enseñando y curando a enfermos. Esta estrategia incluye la formación
de discípulos que puedan continuar su labor evangelizadora, creando así un
ciclo de enseñanza y discipulado que se extiende a lo largo de las
generaciones. Jesús se enfoca en la calidad de los discípulos más que en la
cantidad, buscando que ellos, a su vez, formen nuevos seguidores(as) y maestros(as),
perpetuando así su misión de llevar el mensaje del Reino de Dios a todo el
mundo.
Pedagogía de Jesús y sus Principios
Reino de Dios: Marco Teológico
Uno de los fundamentos pedagógicos de Jesús es el Reino
de Dios como su marco teológico. Con su venida, se anuncia el Reino de Dios
viniendo a la tierra, y con este reino sus valores tan relevantes tanto para
esa época como para la actual. El Reino de Dios exige un cambio de vida. En
esta enseñanza se menciona el término “arrepentimiento” del griego metanoia que
significa un cambio de mente y de dirección de vida. Según Ortiz (2011), “La
presencia del reino implica un cambio de vida, pensamiento y comportamiento
hacia Dios y al prójimo como expresiones concretas de la conversión y
compromiso del creyente.” (p. 2). En este sentido, se puede decir que el
proceso pedagógico que Jesús propone, teniendo el Reino de Dios como marco
teológico, implica también una transformación del ser humano en todas las esferas
de la vida, y es que la mejor forma en que el proceso de enseñanza se vuelve
efectivo es cuando no solo existe conocimiento sino también una práctica y
aplicación de éste en la vida.
Las Escrituras y la integralidad del Ser Humano
Jesús utilizaba las Escrituras como fuente de autoridad,
siendo esta la Palabra de Dios revelada al hombre y fuente de sabiduría. Su
ejemplo desafía a los maestros en el ámbito bíblico a seguir su ejemplo
asumiéndola también como autoridad. Se puede encontrar la famosa frase dicha
por Jesús “escrito está” (Reina Valera, 1960, Mateo 4:4) la cual muestra no
solo el conocimiento que Jesús tenía sobre las Escrituras, sino también su
importancia y relevancia en el tiempo. La educación busca formar al ser humano,
y desde tiempos antiguos, Dios quiere formar a la humanidad para ser cada día
más a su imagen y semejanza. Jesús como maestro buscó esa transformación en sus
discípulos, cuya propuesta en la actualidad incluye a aquellos y aquellas que
estén dispuestos a reconocerlo como maestro. Una parte importante de su
pedagogía es la búsqueda de la integralidad del ser humano, por ejemplo Ortiz
(2011) afirmó lo siguiente:
El proceso educativo debe procurar no sólo informar, sino
formar y transformar la vida y vocación del discípulo. Para el caso es
importante que la formación tome muy en cuenta la vivencia en todos los
espacios de la vida. No se circunscribe a la esfera religiosa o eclesial.
Incluye todas las esferas del ser y quehacer humano como espacio de
aprendizaje. Teoría y práctica van de la mano e interactúan en la realidad
teniendo siempre como base la palabra de Dios. (p. 6)
Jesús buscaba una misión integral en las personas;
tomando en cuenta la vida espiritual pero también la vida material. Cuando
Jesús declara su misión en el evangelio de Lucas, incluye ese aspecto material
o físico además del espiritual de la persona (Reina Valera, 1960, Lucas
4:16-21). Él no solo enseñaba de la vida eterna, sino que también la
importancia de nacer de nuevo y obtener la salvación, ofrecía vida abundante a
los que creían en Él y el Reino de Dios, en busca de una redención del ser
humano en todas las esferas de la vida. En cuanto a educación, buscar la
integralidad o tomarla en cuenta para el proceso de enseñanza es vital para el
desarrollo de quién aprende, en el caso de Gonzalvez (2016) pregunta y afirma:
¿Qué elementos debe tener en cuenta el docente al momento
de concebir y diseñar un ambiente de aula que sirva a las pretensiones de
enseñanza y el logro de los objetivos de aprendizaje de los estudiantes? Entre
los aspectos que se consideran valiosos, está el contexto desde una mirada
integral, de tal forma que posibilite al docente una perspectiva crítica no
solo del estudiante, sino de la institución, del currículo, y otros, derivados
de la necesidad de conocer todo el ambiente que rodea al estudiante. (p. 36)
Entre sus principios pedagógicos, más utilizados fue el
encuentro con el otro y la otra, como una oportunidad de compartir vida con el
prójimo y generar oportunidades de enseñanza en lo cotidiano. También el empleo
del diálogo, el uso preguntas para generar conversación, la participación, el
uso de los elementos de ese contexto para explicar enseñanza (por ejemplo: las
parábolas) la narrativa, la retroalimentación, entre otros aspectos; hizo de
Jesús el maestro por excelencia, y que deja un estándar para seguir a todos los
maestros y maestras que desean enseñar sobre el reino de Dios, y que ese
aprendizaje sea efectivo y pueda aplicarse a todas las áreas de la vida.
Su Autoridad Pedagógica y Dependencia del Espíritu Santo
Uno de los hechos más impactantes del ministerio de Jesús
fue su ejemplo de vida. Pues este tenía una coherencia entre lo que enseñaba y
su vida diaria, contrario a maestros de su época que, como Jesús lo denunció en
su tiempo, enseñaban leyes que ellos mismos no cumplían. (Reina Valera, 1960,
Lucas 11:46; Mateo 23:3). Mientras que la propuesta de los que enseñaban la ley
y sobre Dios en ese tiempo estaba enfocada en memorizar y obtener conocimiento,
Jesús proponía un desafío mucho más real e importante, una vida de compromiso
hacia lo que Dios quería. Asimismo, es importante mencionar que el Espíritu
Santo fue parte esencial de este ministerio. De hecho, al comenzar su
ministerio, una de sus afirmaciones al hablar de su misión fue “El Espíritu del
Señor está sobre mí…” (Reina Valera, 1960, Lucas 4: 16). Si Jesús, siendo hijo
de Dios dependió del Espíritu Santo, los maestros con mucha más razón deben
aprender a depender de él. Jesús muestra a través de su vida como el contexto
fue importante en su caminar como maestro. Además, es importante recalcar el
hecho que Jesús siendo hijo de Dios vivió entre la humanidad, comprendió desde
la cotidianeidad la vida humana, su dolor, sus alegrías, entre otras cosas; lo
cual le permitió también contextualizar sus enseñanzas y comprender de manera
integral a quienes enseñaba.
Es de esta manera, como Jesús, el maestro de maestros,
enseñaba a través de las Escrituras esa manera única y especial de enseñar, con
su pedagogía diferente a la que se aplicaba en esos tiempos, pero mucho más
efectiva y no solo para ese contexto, sino que trasciende a través de los años
y sigue siendo relevante ya que es Dios siendo humano, enseñando a los hombres
de su reino y su justicia. La educación cristiana de hoy en día debe imitar
este tipo de pedagogía. Por ejemplo, Pagan (2011) afirmó lo siguiente: Como
toda educación que debe llevar a la modificación de la conducta, la educación
cristiana es llamada a provocar cambios de actitudes y prejuicios en las
personas, y de una manera profunda ya que enseñamos las verdades del evangelio.
La pedagogía de Jesús debe ser vista como práctica que modela el vivir, como
acción dentro de la realidad, como compromiso solidario con nuestras
comunidades. (p. 5)
Es una pedagogía que cuestiona el contexto y la realidad
que se vive, pensando también en la labor social que se debe tener como
discípulos de él, trayendo los valores del reino de Dios los cuales muchas
veces chocan con los valores enseñados en el mundo. Es allí donde el modelo
pedagógico de Jesús viene a crear espacios de reflexión, de desarrollo de
pensamiento crítico, y de propuestas de alcance de justicia y de redención al
necesitado, y es por eso que, debe seguir siendo relevante para los maestros en
la actualidad.
Sistema Educativo Salvadoreño
La pregunta que se plantea ante este tema es si Jesús
también cuestionaría la forma en que enseñamos, qué es lo que enseñamos, a
quienes dejamos enseñar, a quienes enseñamos, y lo que estamos practicando. Si
la respuesta es que no nos cuestionaría, entonces estamos haciéndolo bien, pero
si la respuesta es que si nos cuestionaría entonces debemos reflexionar y ver
qué cambios son necesarios para una pedagogía más cercana a la que él nos
modeló.
En el sistema educativo salvadoreño, según informes de
CEPAL, estudios de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, entre
otros, tenemos una serie de deficiencias que abarcan tanto factores internos
como externos, y tienen un impacto significativo en la calidad de la educación
y la participación de la población en el sistema. No se puede negar que, históricamente,
el sistema educativo ha sido una de las áreas más deficientes en nuestro país. Se
enfrentan desafíos significativos, como la baja participación de ciertos
sectores sociales, tasas de retención escolar deficientes y altos niveles de
analfabetismo. Estas deficiencias se deben a factores internos y externos,
incluyendo desigualdades socioeconómicas y culturales. La pandemia de COVID-19
ha exacerbado estos problemas al comprimir los contenidos curriculares y
exponer la falta de acceso a la educación en línea.
Probablemente, surja la pregunta, ¿Qué tiene que ver lo
que pase en el sistema educativo del país con la educación cristiana o la forma
en que yo enseño? Pues, Jesús nació entre nosotros, creció entre nosotros, se
formó en el sistema educativo de su nación, y enseñó conociendo esa realidad, y
cuestionando esa realidad. También, nosotros hemos sido formados en ese
sistema, y es de cuestionarse si esas mismas deficiencias hemos traído a
nuestra educación cristiana también, o si estamos en una constante reflexión
sobre cómo formar a discípulos y discípulas en esta realidad cambiante,
teniendo en cuenta que a quienes enseñamos también vienen de este sistema
deficiente.
Jesús, Pedagogía del Encuentro
En el corazón de la pedagogía de Jesús se encuentran una
serie de principios fundamentales que moldearon su enfoque educativo y que
continúan siendo relevantes en la actualidad. Estos principios no solo abordan
la transmisión de conocimientos, sino que también se centran en la
transformación integral de las personas y su compromiso activo en la práctica
de valores éticos y humanos. Exploraremos algunos de los principios pedagógicos
clave de Jesús y analizaremos cómo su enseñanza trasciende la esfera religiosa
para ofrecer valiosas lecciones sobre la educación y la formación espiritual en
un mundo en constante cambio.
Principios Pedagógicos:
La
pedagogía de Jesús, como es observado en Las Escrituras, se fundamenta en una
serie de principios esenciales que guían su enfoque educativo. Estos principios
son:
- Un acompañamiento cercano y personal.
Uno de los aspectos más destacados de la pedagogía de
Jesús es su enfoque en la formación personalizada. Los evangelios nos presentan
varios ejemplos de cómo Jesús adaptó su enseñanza a las necesidades
individuales de las personas. Comenzó su ministerio enseñando a multitudes
numerosas sobre el reino de Dios, como se registra en 1 Corintios 15:6. Sin
embargo, a medida que avanzaba en su ministerio, se dio cuenta de la
importancia de un enfoque más personalizado. Jesús seleccionó a setenta
discípulos y los instruyó específicamente para la misión, como se menciona en
Lucas 10:1. Luego, eligió a doce de entre todos los discípulos y los formó
tanto para la vida como para la misión, según Marcos 3:14-19. Dentro de este
grupo de doce, Jesús estableció un círculo más íntimo al seleccionar a tres de
ellos para tener un contacto aún más cercano, como lo vemos en Lucas 9:28.
Finalmente, Jesús se apareció y se reveló de manera personal al apóstol Pablo
en Hechos 9:3-6.
La sensibilidad de Jesús hacia la individualidad de las
personas es otro aspecto fundamental de su pedagogía. No trató a todos por
igual, sino que se adaptó a las circunstancias y necesidades específicas de
cada individuo que cruzó su camino. Los ejemplos bíblicos son abundantes. Nicodemo,
un fariseo que buscó a Jesús de noche, recibió una enseñanza profunda sobre el
nuevo nacimiento (Juan 3:1-21). Zaqueo, el recaudador de impuestos, fue llamado
por su nombre y recibió una invitación directa de Jesús para que Él fuera a su
casa (Lucas 19:1-10). A los fariseos, Jesús les presentó desafíos intelectuales
y éticos que estaban alineados con sus creencias y actitudes (Mateo 23:1-36).
Por otro lado, la mujer pecadora que ungió los pies de Jesús recibió perdón y amor
incondicional (Lucas 7:36-50). Estos ejemplos demuestran cómo Jesús se adaptó a
las necesidades y contextos individuales de las personas a las que ministró.
- Comprensión
del contexto.
Un aspecto notable del ministerio de Jesús fue su
elección de Galilea como el centro de su actividad. A pesar de que Jerusalén y
el Templo eran considerados los epicentros religiosos de la época, Jesús optó
por llevar a cabo la mayor parte de su ministerio en la Galilea de los
gentiles. En Marcos 1:16-20, encontramos el llamado a sus primeros discípulos,
quienes eran de origen galileo. Esta elección de contexto no fue accidental;
Jesús buscaba acercarse a las personas en su entorno cotidiano, lejos de los centros
religiosos y académicos tradicionales. El ministerio de Jesús fue esencialmente
itinerante, yendo de un lugar a otro para proclamar el reino de Dios. En Marcos
1:35-39, vemos cómo respondió a la búsqueda de la gente, afirmando que había
venido para predicar en otros lugares. Este enfoque itinerante le permitió
llegar a diferentes comunidades y contextos. No se limitó a enseñar en
sinagogas o templos, sino que también utilizó plazas, caminos, orillas del mar
y otros lugares públicos para transmitir su mensaje.
La pedagogía de Jesús no solo se basó en la elección del
contexto y la adaptación itinerante, sino también en la utilización de
herramientas contextuales. Jesús empleó objetos, refranes, tradiciones y
elementos familiares de la cultura de su audiencia para ejemplificar sus
enseñanzas. Las parábolas, por ejemplo, eran historias basadas en situaciones
cotidianas que la gente podía comprender fácilmente. Esta técnica facilitaba la
comprensión de sus mensajes y los hacía relevantes para la vida de sus oyentes.
También, Jesús no solo se preocupaba por las necesidades espirituales de las
personas, sino que también tenía una profunda comprensión del contexto social,
político y económico de su época. Criticó la hipocresía de las autoridades
religiosas (Mateo 23:27), se entristeció por la incredulidad en su ciudad natal
de Nazaret (Mateo 13:53-58) y se preocupó por la actitud de los gobernantes de
las naciones (Marcos 10:42). Esta conciencia contextual le permitió abordar
cuestiones más amplias y desafiantes en su enseñanza.
- Las
preguntas.
La pedagogía de la pregunta, como señala Mario Peresson,
es una técnica efectiva para estimular el pensamiento y aclarar las ideas.
Jesús entendió la importancia de esta técnica y la empleó en su ministerio para
animar a las personas a examinar sus creencias y actitudes. La pregunta iba más
allá de un simple ejercicio intelectual; invitaba a una confrontación con las
enseñanzas del Evangelio y a la toma de decisiones liberadoras. Una de las
razones por las cuales muchas personas encuentran difícil aceptar las
enseñanzas de Jesús es que implica un llamado a pensar. Reflexionar de manera
crítica y libre de prejuicios, confrontando las opiniones aceptadas por la
sociedad, es un ejercicio desafiante pero necesario para la verdadera
evangelización. Jesús deseaba que sus seguidores pensaran, pues el pensamiento
es el camino hacia la fe genuina y la transformación espiritual.
La misión de la Iglesia, según Jesús, va más allá de
simplemente lograr "decisiones de fe". En el mandato de Jesús
registrado en Mateo 28:18-20, vemos que se espera que la Iglesia haga
discípulos, los bautice y les enseñe a obedecer sus mandamientos. Esto implica
un compromiso personal y un discipulado que va más allá de una conversión
superficial. La pedagogía de la pregunta se convierte en una herramienta
esencial para hacer discípulos pensantes, comprometidos y que buscan entender y
aplicar las enseñanzas de Cristo en su vida cotidiana.
Las preguntas que Jesús planteaba a menudo eran directas
e indirectas y abordaban una variedad de niveles, desde lo espiritual hasta lo
intelectual. Tenían múltiples propósitos, como fomentar el diálogo, estimular
el pensamiento, plantear un proceso de razonamiento, probar el compromiso
espiritual y ayudar a los discípulos a aplicar la verdad a sus vidas. Jesús
entendía que las preguntas no solo revelan el conocimiento de la verdad, sino
también la disposición del corazón y la voluntad de seguirle.
- Formación
integral.
En la actualidad, las ciencias pedagógicas están
evolucionando hacia un enfoque más integral de la educación. Los educadores se
esfuerzan por no limitarse a la transmisión de conocimientos, sino por cultivar
el aprendizaje holístico que abarca el desarrollo de habilidades conceptuales,
habilidades fundamentales transferibles y actitudes positivas hacia la vida y
la sociedad. Esta tendencia busca desarrollar las potencialidades humanas en
todas sus dimensiones, incluyendo lo socio-afectivo, ético, y biológico.
Además, se reconoce la creciente necesidad de trascendencia espiritual en un
mundo donde la búsqueda de significado va más allá de lo material.
El Sermón del Monte, registrado en los evangelios de
Mateo (capítulos 5 al 7) es un ejemplo notable de la pedagogía de Jesús en
acción. En este sermón, Jesús no solo abordó cuestiones espirituales o
trascendentales, sino que también tocó aspectos concretos de la vida cotidiana.
Proporcionó enseñanzas que abarcaron todas las dimensiones de la existencia
humana.
Jesús presentó las bienaventuranzas como un camino hacia la
construcción del reino de Dios. Estas bienaventuranzas no solo tratan sobre la
moralidad personal, sino que también abogan por una ética de compasión,
justicia y amor hacia los demás. Promovió la formación ética de sus seguidores,
instándolos a ser "sal de la tierra" y "luz del mundo"
(Mateo 5:13-16). Además, Jesús enfatizó la importancia de las relaciones
humanas. Abordó el perdón, la reconciliación y la no retaliación, instando a
sus discípulos a amar incluso a sus enemigos. Al hacerlo, promovió la formación
de relaciones saludables y pacíficas en la sociedad (Mateo 5:21-48).
Aunque Jesús se ocupó de las dimensiones prácticas de la
vida, también abordó la dimensión espiritual. Enseñó sobre la oración, la
confianza en Dios y la búsqueda del reino de Dios como prioridad (Mateo
6:5-34). La formación integral incluye la dimensión espiritual de la vida
humana. También, Jesús no se mantuvo al margen de los problemas sociales de su
tiempo. Denunció la injusticia, llamó a cuidar de los necesitados y desafió a
las estructuras opresivas. Promovió la formación de una sociedad basada en la equidad
y el amor al prójimo (Mateo 25:31-46).
5.
Dignidad e igualdad
humana.
Jesús se autodenomina el "Buen Pastor" en Juan
10:11, y esta metáfora nos muestra su profundo compromiso con la dignidad
humana. El Buen Pastor da su vida por las ovejas, simbolizando su disposición a
sacrificarse por el bienestar y la protección de los demás. Esto ilustra el
amor, la misericordia y la esperanza que Jesús brindaba a aquellos que se
acercaban a él en busca de sanación y redención.
Los evangelios nos relatan numerosos episodios en los que
Jesús sanó a los enfermos, liberó a los endemoniados y alimentó a los
hambrientos. Mateo 11:2-6 nos presenta a Jesús respondiendo a la pregunta de
Juan el Bautista sobre si es el Mesías esperado. En su respuesta, Jesús destaca
que los ciegos recuperan la vista, los cojos caminan y los leprosos son
limpiados, demostrando así su capacidad de restaurar la dignidad y la plenitud
de vida a quienes sufren.
Una característica distintiva de Jesús fue su disposición
a incluir y acoger a todos, independientemente de su pasado o su condición.
Comía y bebía con pecadores (Mateo 11:19), tocaba a los leprosos (Lucas 5:13) y
permitió que una prostituta le ungiera los pies (Lucas 7:36-50). Estas acciones
desafiaron las normas sociales de su tiempo y enfatizaron la importancia de ver
más allá de las etiquetas y reconocer la dignidad inherente en cada individuo.
Jesús no solo sanaba cuerpos físicos, sino que también
buscaba la restauración espiritual y relacional. En Mateo 5:24, hizo un llamado
a la reconciliación, enfatizando la importancia de resolver conflictos y
mantener relaciones saludables. Además, instó a amar a los enemigos (Mateo
5:44), un mensaje que trasciende la noción convencional de dignidad humana al
pedirnos amar incluso a aquellos que nos adversan.
También, Jesús fue un ejemplo notable de
igualdad y apertura en su pedagogía, especialmente en un contexto en el que las
mujeres generalmente enfrentaban restricciones en el acceso a la educación y el
liderazgo religioso. No hizo distinción de género al enseñar sus principios
espirituales y éticos. Él compartió sus enseñanzas tanto con hombres como con
mujeres. Un ejemplo destacado es cuando Jesús conversó con la mujer samaritana
en el pozo (Juan 4), donde discutió cuestiones espirituales y le reveló su identidad
como Mesías. Además, Jesús tuvo mujeres entre sus seguidores cercanos. Las
Escrituras mencionan a mujeres como María Magdalena, María la madre de Jacobo,
y Salomé, quienes acompañaron a Jesús durante su ministerio y estuvieron
presentes en momentos cruciales, como la crucifixión y la resurrección (Marcos
15:40). Asimismo, Jesús confió a las mujeres el importante papel de ser las
primeras en dar testimonio de su resurrección. Esto es significativo, ya que,
en ese tiempo, el testimonio de las mujeres a menudo se consideraba menos
válido que el de los hombres ante la ley.
- Cotidianidad y compartir la mesa.
Una de las prácticas más destacadas en la pedagogía de
Jesús fue compartir la mesa con otros. Este acto cotidiano se convirtió en un
espacio donde se compartían experiencias de vida, pensamientos y emociones.
Jesús utilizó la comida como una oportunidad para enseñar, relacionarse y
conectar con las personas. En varios pasajes bíblicos, como el relato de la
Última Cena (Mateo 26:26-29), vemos cómo Jesús compartió la mesa con sus
discípulos y utilizó este momento para impartir enseñanzas cruciales sobre su
sacrificio y el significado de la comunión. También compartió la mesa con
personas marginadas y pecadoras, desafiando las normas sociales de su tiempo y
enseñando la importancia de la compasión y el perdón (Lucas 7:36-50).
Jesús no se limitó a la enseñanza formal en sinagogas o
templos. Aprovechó la vida diaria como escenario para impartir lecciones
profundas del evangelio. Interactuó con sus discípulos en situaciones
cotidianas, a menudo respondiendo a sus preguntas y dudas. Les enseñó sobre la
hipocresía de los religiosos después de un conflicto (Marcos 8:15) y aclaró sus
inquietudes acerca de la contaminación ritual (Marcos 7:17-23). Este principio
nos enseña la importancia de valorar la vida cotidiana como un espacio de aprendizaje
significativo. Nos desafía a no limitar la enseñanza a contextos formales, sino
a buscar oportunidades para compartir experiencias y reflexionar sobre la vida
en comunidad. Compartir la mesa se convierte en un acto simbólico que nos
recuerda la importancia de la comunión, la compasión y la enseñanza a través de
la vida diaria.
- Desaprender
para aprender.
Jesús desafió constantemente las interpretaciones
erróneas o antojadizas de la Ley de Dios. Un ejemplo claro de esto se encuentra
en su concepción del día de reposo o sábado. Según la tradición, el sábado era
un día en el que no se podía hacer ningún trabajo, incluso si se trataba de
hacer el bien, como sanar a un enfermo. Cuando Jesús sanó a un hombre en el día
de reposo, los líderes religiosos lo criticaron por violar esta tradición. Sin
embargo, Jesús les respondió con una afirmación poderosa: "El día de
reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de
reposo" (Marcos 2:27). Con esta declaración, Jesús cuestionó la rigidez de
la tradición al recordar que el propósito de la Ley era beneficiar a las
personas y no esclavizarlas. Los maestros cristianos en la actualidad se
enfrentan al desafío de una educación que cuestiona las tradiciones o normas
que se imponen sobre las Escrituras. Cuando una tradición limita el pensamiento
y la acción de los creyentes en asuntos de fe, forma de vida o participación en
la sociedad, es esencial desinstalar esas ideas y tradiciones erróneas. Jesús
mismo ejemplificó este principio al desafiar las interpretaciones religiosas
que iban en contra de los valores del reino de Dios.
- Llamado
a la práctica.
Jesús denunció la falta de coherencia ética al confrontar
la hipocresía de aquellos que predicaban, pero no practicaban, instando a sus
discípulos a obedecer sus enseñanzas mientras evitaban imitar comportamientos
incoherentes. En Mateo 23:3, Jesús advierte a sus discípulos sobre la
incoherencia de los fariseos, quienes daban enseñanzas pero no vivían de
acuerdo con ellas. Les insta a obedecer las enseñanzas legítimas, pero no a
imitar las acciones hipócritas de los líderes religiosos de su tiempo. Este
pasaje subraya la importancia de que la práctica refleje la enseñanza, un
principio fundamental en la pedagogía de Jesús.
Otro ejemplo se encuentra en Mateo 23:23, donde Jesús
critica a los fariseos por centrarse en el diezmo, pero descuidar aspectos más
importantes de la ley, como la justicia, la misericordia y la fidelidad. Aquí,
Jesús enfatiza que la práctica de la fe debe estar arraigada en valores éticos
y morales más profundos, y no limitarse a observancias rituales. Su llamado a
la práctica implica que los seguidores deben vivir de acuerdo con los
principios del amor, la compasión y la integridad en todas las áreas de sus
vidas. En Marcos 10:35-45, Jesús confronta los deseos de poder y el espíritu
competitivo entre sus discípulos, enseñándoles que el liderazgo en su Reino se
basa en el servicio y la humildad. También destaca la importancia del perdón en
Mateo 18:21 y Mateo 26:52, desafiando a sus seguidores a practicar la
reconciliación y la no violencia en lugar de la venganza.
Estos pasajes ejemplifican cómo Jesús no solo enseñó
principios teóricos, sino que también los encarnó en su propia vida y desafió a
sus discípulos a hacer lo mismo. Su pedagogía estaba arraigada en la práctica
coherente y ética, lo que subraya la importancia de que la fe se refleje en las
acciones cotidianas de sus seguidores.
Palabras Finales
La pedagogía de Jesús es un modelo educativo
profundamente significativo y relevante que sigue inspirando y guiando a las
personas en su búsqueda de la verdad, la comprensión espiritual y la
transformación personal. Los principios pedagógicos que emanan de la vida y
enseñanzas de Jesús ofrecen valiosas lecciones no solo para la formación cristiana,
sino también para la educación en general.
La pedagogía de Jesús enfatiza la importancia de la
enseñanza personalizada, la comprensión del contexto, el uso de preguntas
reflexivas, la formación integral, el respeto por la dignidad y la igualdad
humana, la incorporación de la vida cotidiana en el proceso de aprendizaje, la
disposición para desaprender tradiciones erróneas y, sobre todo, el llamado a
la práctica coherente y ética. Estos principios ofrecen una guía sólida para
educadores y educadoras, líderes y lideresas espirituales y cualquier persona
interesada en promover un aprendizaje significativo y una vida guiada por
valores profundos.
La pedagogía de Jesús trasciende el tiempo y el espacio,
recordándonos que la educación auténtica no solo se trata de adquirir
conocimientos, sino de transformar vidas y comunidades. En un mundo cada vez
más diverso y complejo, la pedagogía de Jesús nos desafía a ser maestras y
maestros compasivos, guías espirituales y agentes de cambio que, al igual que
Jesús, se dedican a ayudar a otros y otras a crecer en sabiduría, amor y
comprensión. En última instancia, esta pedagogía nos llama a reflejar en
nuestras vidas las mismas virtudes que enseñamos, a fin de construir un mundo
más justo, amoroso y compasivo.
Referencias
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