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jueves, 6 de junio de 2024

Pedagogía de Jesús

 


Introducción 

Desde tiempos antiguos, Jesús promovió un proceso de enseñanza y aprendizaje que ha evolucionado a través de los años. Él se adelantó a su tiempo trayendo un estilo de enseñanza único a través de una serie de principios pedagógicos que encontramos en sus enseñanzas en las Escrituras, y como maestro, su labor docente fue más allá de simplemente impartir conocimiento al desarrollar sus enseñanzas de manera integral. A pesar de que su ministerio empezó ya en sus años treinta, y no era parte de los maestros de la ley de ese entonces, fue reconocido por la mayoría como maestro, lo cual es resaltado en los cuatro evangelios. Entre los ejemplos más destacados de esto, se encuentra el de Nicodemo, quien era un doctor de la ley y se refirió a Jesús como Rabí (Reina Valera, 1960, Juan 3:2), nombramiento que era otorgado a un auténtico maestro de esa época. Era considerado un título honorífico. (Ropero et al., 2017)

Las enseñanzas de Jesús tuvieron una gran relevancia en ese entonces y siguen siendo relevantes en nuestros días. En la historia, la resurrección emerge como un punto crucial en el desarrollo y consolidación del movimiento cristiano actual. Como afirmara el apóstol Pablo, sin esta resurrección, nuestra fe carecería de sustento, perdería su razón de ser. Los estudiosos e historiadores que se han adentrado en la figura de Jesús reconocen que algo trascendental tuvo que ocurrir tras su muerte para que el cristianismo no pereciera, sino que prosperara y para que los discípulos se transformaran en los apóstoles que hoy conocemos.

Sin embargo, es fundamental reconocer que no solo la resurrección, sino también el período de formación de Jesús en los tres años previos a su crucifixión, es decir su pedagogía en su enseñanza fue crucial en la historia del cristianismo. Ambos aspectos, la formación de los discípulos durante ese lapso y la resurrección de Jesús, convergen en la fundación y el crecimiento del movimiento cristiano, permitiendo que nuestra fe perdure y florezca en el presente. Jesús solo tenía 3 años. Su tiempo era corto, y sabía que debía dedicar ese corto tiempo en enseñar de una manera que transforme la vida de sus aprendices, y que, además, rinda frutos en el futuro. La resurrección fue el punto de salto para los apóstoles, pero la formación de Jesús fue la preparación previa para llevar el evangelio y traer el reino de Dios hasta nuestros días.

La educación ha sido relevante desde tiempos antiguos; en el mundo hebreo, la educación estaba basada en la Ley de Dios y era esencial en la educación del pueblo. Era desarrollada por los sacerdotes, los escribas, y los profetas. Aunque la ley era como la constitución del pueblo, y se esperaba que sus vidas se desarrollaran alrededor de ella, no siempre la tuvieron presente en sus prácticas cotidianas según lo registran las Escrituras; lo cual llevó al pueblo muchas veces a su desobediencia a Dios y hacia su destrucción por dejar de lado el aprendizaje de la Ley de Dios, y no reconocerlo como maestro.

Siempre ha existido la necesidad de maestros, de aprender sobre temas distintos, y es ahí donde la pedagogía toma su lugar en el arte de enseñar. Pedagogía, proviene del griego antiguo paidagogos que, según la antigua Grecia, el “paidagogos” era el esclavo que llevaba al niño a la escuela, y velaba por su educación hasta convertirse en adulto. Por lo tanto, la pedagogía se define como la ciencia que se ocupa de la educación y la enseñanza. En las escrituras, encontramos también el término paideia del cual se deriva paidos y que también se refiere al proceso de educación especialmente a través de la disciplina que lleva a una madurez (Friedrich et al., 2003).

En la actualidad, se está buscando un modelo holístico respecto a la educación. Según Vásquez (2016), “la educación holista como paradigma de rostro humano viene a favorecer el nuevo entendimiento de la formación y el desarrollo armónico e integral de los sujetos en este Siglo XXI” (p. 1). Es interesante que al profundizar en los métodos educativos que Jesús utilizó, encontrar que como maestro buscaba un desarrollo integral en quienes lo escuchaban y aprendían de él; Jesús no sólo impartía los valores del reino sino formaba a sus discípulos para la vida y la misión en todas las esferas de la vida.

Una Pedagogía que Irrumpe el Sistema

La educación en la sociedad judía antigua se concebía como un itinerario formativo destinado a guiar a las personas hacia la perfección espiritual y la realización de la voluntad divina. En este proceso, podemos identificar 4 aspectos de la educación en el sistema educativo judío:

·        Agentes Educativos en la Época de Jesús: La educación en la sociedad judía del pasado se centraba en la familia y la comunidad religiosa. Los niños recibían una formación moral de sus madres, seguida de la transmisión del legado religioso por parte de los padres. Los sacerdotes desempeñaban un papel importante en la enseñanza de la ley y la historia religiosa. A medida que los jóvenes crecían, recibían formación profesional. Las hijas eran educadas por sus madres para asumir roles tradicionales en el hogar. Las instituciones educativas incluían la familia, la sinagoga y las escuelas. La educación judía se centraba en la transmisión de valores y creencias a través de la comunidad y la familia.

·        Yasar: Castigo y Corrección: El término "Yasar" denotaba la acción de castigar, corregir o amonestar. En el contexto educativo, esto implicaba la labor instructiva realizada por padres y maestros para mantener a los individuos en el camino correcto según lo establecido en la Ley (Torá). Cuando alguien se desviaba de este camino, se consideraba necesario aplicar corrección y castigo en nombre de Dios. Esta corrección tenía como objetivo redirigir a la persona hacia la senda de la rectitud y asegurar que cumpliera con la voluntad divina. No se veía el castigo como acto de crueldad, sino como un medio para enseñar y guiar hacia la obediencia y la comprensión de los preceptos religiosos.

·        Musar: Enseñanza y Disciplina: Por otro lado, el término "Musar" se relacionaba con la enseñanza y la disciplina. La educación judía se basaba en la idea de que la corrección y la disciplina eran elementos esenciales para transmitir el conocimiento y los valores religiosos. A través de la disciplina y la enseñanza, se buscaba que los individuos comprendieran y adoptaran la voluntad divina. El castigo y la disciplina (Musar) no solo implicaban sufrimiento como consecuencia de las acciones, sino también aprendizaje. La educación judía valoraba el sufrimiento como una oportunidad para el crecimiento espiritual y la comprensión de los caminos de Dios.

·        Dualidad entre "Carne" y "Espíritu": La educación judía también se caracterizaba por la distinción entre "carne" y "espíritu." Esta dualidad reflejaba la confrontación entre las tendencias mundanas y espirituales en la vida humana. La relación entre Dios y el hombre se concebía como un diálogo libre entre ambas dimensiones, sin caer en una actitud dualista que separara cuerpo y alma. Esta relación implicaba una búsqueda de la perfección espiritual, participando en un orden divino que otorgaba sentido a la existencia humana. La educación judía se entendía como un esfuerzo para completar el "peregrinaje" de los judíos en este mundo. La vida humana no debía convertirse en una morada permanente en la tierra, sino en una preparación para la "nueva tierra" prometida por Yahvé. Esta concepción educativa contribuyó a la identidad y la espiritualidad judía a lo largo de la historia.

Es en este sistema que Jesús, habiendo pasado por ese mismo proceso de educación en cierta forma, irrumpe a los 30 años, con una pedagogía que cuestiona la forma en que se ha estado enseñando, lo que se ha estado enseñando, incluso a quienes se les ha estado enseñando, y lo que se está practicando. Jesús introduce una enseñanza que prioriza la relación personal con Dios sobre las formalidades religiosas, enfocándose en el amor, la misericordia y la compasión, y abriendo el camino hacia una comprensión más profunda del Reino de Dios abierta para todos y todas, sin distinción. Su pedagogía innovadora cuestiona y revitaliza las tradiciones religiosas, llevando a sus discípulos y discípulas y seguidores(as) a repensar su fe y práctica espiritual en un nuevo y transformador contexto.

Jesús, según el relato de Lucas 4,16-21, sintetiza su misión en cinco puntos: anunciar la Buena Nueva a los pobres, proclamar la liberación de los cautivos, dar vista a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. En esencia, su misión es instaurar el Reino de Dios, revelando su misterio y enseñando la ética que lo caracteriza. Para llevar a cabo esta misión, Jesús recorre diversas regiones, predicando, enseñando y curando a enfermos. Esta estrategia incluye la formación de discípulos que puedan continuar su labor evangelizadora, creando así un ciclo de enseñanza y discipulado que se extiende a lo largo de las generaciones. Jesús se enfoca en la calidad de los discípulos más que en la cantidad, buscando que ellos, a su vez, formen nuevos seguidores(as) y maestros(as), perpetuando así su misión de llevar el mensaje del Reino de Dios a todo el mundo.

Pedagogía de Jesús y sus Principios

Reino de Dios: Marco Teológico

Uno de los fundamentos pedagógicos de Jesús es el Reino de Dios como su marco teológico. Con su venida, se anuncia el Reino de Dios viniendo a la tierra, y con este reino sus valores tan relevantes tanto para esa época como para la actual. El Reino de Dios exige un cambio de vida. En esta enseñanza se menciona el término “arrepentimiento” del griego metanoia que significa un cambio de mente y de dirección de vida. Según Ortiz (2011), “La presencia del reino implica un cambio de vida, pensamiento y comportamiento hacia Dios y al prójimo como expresiones concretas de la conversión y compromiso del creyente.” (p. 2). En este sentido, se puede decir que el proceso pedagógico que Jesús propone, teniendo el Reino de Dios como marco teológico, implica también una transformación del ser humano en todas las esferas de la vida, y es que la mejor forma en que el proceso de enseñanza se vuelve efectivo es cuando no solo existe conocimiento sino también una práctica y aplicación de éste en la vida.

Las Escrituras y la integralidad del Ser Humano

Jesús utilizaba las Escrituras como fuente de autoridad, siendo esta la Palabra de Dios revelada al hombre y fuente de sabiduría. Su ejemplo desafía a los maestros en el ámbito bíblico a seguir su ejemplo asumiéndola también como autoridad. Se puede encontrar la famosa frase dicha por Jesús “escrito está” (Reina Valera, 1960, Mateo 4:4) la cual muestra no solo el conocimiento que Jesús tenía sobre las Escrituras, sino también su importancia y relevancia en el tiempo. La educación busca formar al ser humano, y desde tiempos antiguos, Dios quiere formar a la humanidad para ser cada día más a su imagen y semejanza. Jesús como maestro buscó esa transformación en sus discípulos, cuya propuesta en la actualidad incluye a aquellos y aquellas que estén dispuestos a reconocerlo como maestro. Una parte importante de su pedagogía es la búsqueda de la integralidad del ser humano, por ejemplo Ortiz (2011) afirmó lo siguiente:

El proceso educativo debe procurar no sólo informar, sino formar y transformar la vida y vocación del discípulo. Para el caso es importante que la formación tome muy en cuenta la vivencia en todos los espacios de la vida. No se circunscribe a la esfera religiosa o eclesial. Incluye todas las esferas del ser y quehacer humano como espacio de aprendizaje. Teoría y práctica van de la mano e interactúan en la realidad teniendo siempre como base la palabra de Dios. (p. 6)

Jesús buscaba una misión integral en las personas; tomando en cuenta la vida espiritual pero también la vida material. Cuando Jesús declara su misión en el evangelio de Lucas, incluye ese aspecto material o físico además del espiritual de la persona (Reina Valera, 1960, Lucas 4:16-21). Él no solo enseñaba de la vida eterna, sino que también la importancia de nacer de nuevo y obtener la salvación, ofrecía vida abundante a los que creían en Él y el Reino de Dios, en busca de una redención del ser humano en todas las esferas de la vida. En cuanto a educación, buscar la integralidad o tomarla en cuenta para el proceso de enseñanza es vital para el desarrollo de quién aprende, en el caso de Gonzalvez (2016) pregunta y afirma:

¿Qué elementos debe tener en cuenta el docente al momento de concebir y diseñar un ambiente de aula que sirva a las pretensiones de enseñanza y el logro de los objetivos de aprendizaje de los estudiantes? Entre los aspectos que se consideran valiosos, está el contexto desde una mirada integral, de tal forma que posibilite al docente una perspectiva crítica no solo del estudiante, sino de la institución, del currículo, y otros, derivados de la necesidad de conocer todo el ambiente que rodea al estudiante. (p. 36)

Entre sus principios pedagógicos, más utilizados fue el encuentro con el otro y la otra, como una oportunidad de compartir vida con el prójimo y generar oportunidades de enseñanza en lo cotidiano. También el empleo del diálogo, el uso preguntas para generar conversación, la participación, el uso de los elementos de ese contexto para explicar enseñanza (por ejemplo: las parábolas) la narrativa, la retroalimentación, entre otros aspectos; hizo de Jesús el maestro por excelencia, y que deja un estándar para seguir a todos los maestros y maestras que desean enseñar sobre el reino de Dios, y que ese aprendizaje sea efectivo y pueda aplicarse a todas las áreas de la vida.

 Su Autoridad Pedagógica y Dependencia del Espíritu Santo

Uno de los hechos más impactantes del ministerio de Jesús fue su ejemplo de vida. Pues este tenía una coherencia entre lo que enseñaba y su vida diaria, contrario a maestros de su época que, como Jesús lo denunció en su tiempo, enseñaban leyes que ellos mismos no cumplían. (Reina Valera, 1960, Lucas 11:46; Mateo 23:3). Mientras que la propuesta de los que enseñaban la ley y sobre Dios en ese tiempo estaba enfocada en memorizar y obtener conocimiento, Jesús proponía un desafío mucho más real e importante, una vida de compromiso hacia lo que Dios quería. Asimismo, es importante mencionar que el Espíritu Santo fue parte esencial de este ministerio. De hecho, al comenzar su ministerio, una de sus afirmaciones al hablar de su misión fue “El Espíritu del Señor está sobre mí…” (Reina Valera, 1960, Lucas 4: 16). Si Jesús, siendo hijo de Dios dependió del Espíritu Santo, los maestros con mucha más razón deben aprender a depender de él. Jesús muestra a través de su vida como el contexto fue importante en su caminar como maestro. Además, es importante recalcar el hecho que Jesús siendo hijo de Dios vivió entre la humanidad, comprendió desde la cotidianeidad la vida humana, su dolor, sus alegrías, entre otras cosas; lo cual le permitió también contextualizar sus enseñanzas y comprender de manera integral a quienes enseñaba.

Es de esta manera, como Jesús, el maestro de maestros, enseñaba a través de las Escrituras esa manera única y especial de enseñar, con su pedagogía diferente a la que se aplicaba en esos tiempos, pero mucho más efectiva y no solo para ese contexto, sino que trasciende a través de los años y sigue siendo relevante ya que es Dios siendo humano, enseñando a los hombres de su reino y su justicia. La educación cristiana de hoy en día debe imitar este tipo de pedagogía. Por ejemplo, Pagan (2011) afirmó lo siguiente: Como toda educación que debe llevar a la modificación de la conducta, la educación cristiana es llamada a provocar cambios de actitudes y prejuicios en las personas, y de una manera profunda ya que enseñamos las verdades del evangelio. La pedagogía de Jesús debe ser vista como práctica que modela el vivir, como acción dentro de la realidad, como compromiso solidario con nuestras comunidades. (p. 5)

Es una pedagogía que cuestiona el contexto y la realidad que se vive, pensando también en la labor social que se debe tener como discípulos de él, trayendo los valores del reino de Dios los cuales muchas veces chocan con los valores enseñados en el mundo. Es allí donde el modelo pedagógico de Jesús viene a crear espacios de reflexión, de desarrollo de pensamiento crítico, y de propuestas de alcance de justicia y de redención al necesitado, y es por eso que, debe seguir siendo relevante para los maestros en la actualidad.

Sistema Educativo Salvadoreño

La pregunta que se plantea ante este tema es si Jesús también cuestionaría la forma en que enseñamos, qué es lo que enseñamos, a quienes dejamos enseñar, a quienes enseñamos, y lo que estamos practicando. Si la respuesta es que no nos cuestionaría, entonces estamos haciéndolo bien, pero si la respuesta es que si nos cuestionaría entonces debemos reflexionar y ver qué cambios son necesarios para una pedagogía más cercana a la que él nos modeló.

En el sistema educativo salvadoreño, según informes de CEPAL, estudios de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas, entre otros, tenemos una serie de deficiencias que abarcan tanto factores internos como externos, y tienen un impacto significativo en la calidad de la educación y la participación de la población en el sistema. No se puede negar que, históricamente, el sistema educativo ha sido una de las áreas más deficientes en nuestro país. Se enfrentan desafíos significativos, como la baja participación de ciertos sectores sociales, tasas de retención escolar deficientes y altos niveles de analfabetismo. Estas deficiencias se deben a factores internos y externos, incluyendo desigualdades socioeconómicas y culturales. La pandemia de COVID-19 ha exacerbado estos problemas al comprimir los contenidos curriculares y exponer la falta de acceso a la educación en línea.

Probablemente, surja la pregunta, ¿Qué tiene que ver lo que pase en el sistema educativo del país con la educación cristiana o la forma en que yo enseño? Pues, Jesús nació entre nosotros, creció entre nosotros, se formó en el sistema educativo de su nación, y enseñó conociendo esa realidad, y cuestionando esa realidad. También, nosotros hemos sido formados en ese sistema, y es de cuestionarse si esas mismas deficiencias hemos traído a nuestra educación cristiana también, o si estamos en una constante reflexión sobre cómo formar a discípulos y discípulas en esta realidad cambiante, teniendo en cuenta que a quienes enseñamos también vienen de este sistema deficiente.

Jesús, Pedagogía del Encuentro

En el corazón de la pedagogía de Jesús se encuentran una serie de principios fundamentales que moldearon su enfoque educativo y que continúan siendo relevantes en la actualidad. Estos principios no solo abordan la transmisión de conocimientos, sino que también se centran en la transformación integral de las personas y su compromiso activo en la práctica de valores éticos y humanos. Exploraremos algunos de los principios pedagógicos clave de Jesús y analizaremos cómo su enseñanza trasciende la esfera religiosa para ofrecer valiosas lecciones sobre la educación y la formación espiritual en un mundo en constante cambio.

            Principios Pedagógicos:

            La pedagogía de Jesús, como es observado en Las Escrituras, se fundamenta en una serie de principios esenciales que guían su enfoque educativo. Estos principios son:

  1. Un acompañamiento cercano y personal.

Uno de los aspectos más destacados de la pedagogía de Jesús es su enfoque en la formación personalizada. Los evangelios nos presentan varios ejemplos de cómo Jesús adaptó su enseñanza a las necesidades individuales de las personas. Comenzó su ministerio enseñando a multitudes numerosas sobre el reino de Dios, como se registra en 1 Corintios 15:6. Sin embargo, a medida que avanzaba en su ministerio, se dio cuenta de la importancia de un enfoque más personalizado. Jesús seleccionó a setenta discípulos y los instruyó específicamente para la misión, como se menciona en Lucas 10:1. Luego, eligió a doce de entre todos los discípulos y los formó tanto para la vida como para la misión, según Marcos 3:14-19. Dentro de este grupo de doce, Jesús estableció un círculo más íntimo al seleccionar a tres de ellos para tener un contacto aún más cercano, como lo vemos en Lucas 9:28. Finalmente, Jesús se apareció y se reveló de manera personal al apóstol Pablo en Hechos 9:3-6.

La sensibilidad de Jesús hacia la individualidad de las personas es otro aspecto fundamental de su pedagogía. No trató a todos por igual, sino que se adaptó a las circunstancias y necesidades específicas de cada individuo que cruzó su camino. Los ejemplos bíblicos son abundantes. Nicodemo, un fariseo que buscó a Jesús de noche, recibió una enseñanza profunda sobre el nuevo nacimiento (Juan 3:1-21). Zaqueo, el recaudador de impuestos, fue llamado por su nombre y recibió una invitación directa de Jesús para que Él fuera a su casa (Lucas 19:1-10). A los fariseos, Jesús les presentó desafíos intelectuales y éticos que estaban alineados con sus creencias y actitudes (Mateo 23:1-36). Por otro lado, la mujer pecadora que ungió los pies de Jesús recibió perdón y amor incondicional (Lucas 7:36-50). Estos ejemplos demuestran cómo Jesús se adaptó a las necesidades y contextos individuales de las personas a las que ministró.

  1. Comprensión del contexto.

Un aspecto notable del ministerio de Jesús fue su elección de Galilea como el centro de su actividad. A pesar de que Jerusalén y el Templo eran considerados los epicentros religiosos de la época, Jesús optó por llevar a cabo la mayor parte de su ministerio en la Galilea de los gentiles. En Marcos 1:16-20, encontramos el llamado a sus primeros discípulos, quienes eran de origen galileo. Esta elección de contexto no fue accidental; Jesús buscaba acercarse a las personas en su entorno cotidiano, lejos de los centros religiosos y académicos tradicionales. El ministerio de Jesús fue esencialmente itinerante, yendo de un lugar a otro para proclamar el reino de Dios. En Marcos 1:35-39, vemos cómo respondió a la búsqueda de la gente, afirmando que había venido para predicar en otros lugares. Este enfoque itinerante le permitió llegar a diferentes comunidades y contextos. No se limitó a enseñar en sinagogas o templos, sino que también utilizó plazas, caminos, orillas del mar y otros lugares públicos para transmitir su mensaje.

La pedagogía de Jesús no solo se basó en la elección del contexto y la adaptación itinerante, sino también en la utilización de herramientas contextuales. Jesús empleó objetos, refranes, tradiciones y elementos familiares de la cultura de su audiencia para ejemplificar sus enseñanzas. Las parábolas, por ejemplo, eran historias basadas en situaciones cotidianas que la gente podía comprender fácilmente. Esta técnica facilitaba la comprensión de sus mensajes y los hacía relevantes para la vida de sus oyentes. También, Jesús no solo se preocupaba por las necesidades espirituales de las personas, sino que también tenía una profunda comprensión del contexto social, político y económico de su época. Criticó la hipocresía de las autoridades religiosas (Mateo 23:27), se entristeció por la incredulidad en su ciudad natal de Nazaret (Mateo 13:53-58) y se preocupó por la actitud de los gobernantes de las naciones (Marcos 10:42). Esta conciencia contextual le permitió abordar cuestiones más amplias y desafiantes en su enseñanza.

  1. Las preguntas.

La pedagogía de la pregunta, como señala Mario Peresson, es una técnica efectiva para estimular el pensamiento y aclarar las ideas. Jesús entendió la importancia de esta técnica y la empleó en su ministerio para animar a las personas a examinar sus creencias y actitudes. La pregunta iba más allá de un simple ejercicio intelectual; invitaba a una confrontación con las enseñanzas del Evangelio y a la toma de decisiones liberadoras. Una de las razones por las cuales muchas personas encuentran difícil aceptar las enseñanzas de Jesús es que implica un llamado a pensar. Reflexionar de manera crítica y libre de prejuicios, confrontando las opiniones aceptadas por la sociedad, es un ejercicio desafiante pero necesario para la verdadera evangelización. Jesús deseaba que sus seguidores pensaran, pues el pensamiento es el camino hacia la fe genuina y la transformación espiritual.

La misión de la Iglesia, según Jesús, va más allá de simplemente lograr "decisiones de fe". En el mandato de Jesús registrado en Mateo 28:18-20, vemos que se espera que la Iglesia haga discípulos, los bautice y les enseñe a obedecer sus mandamientos. Esto implica un compromiso personal y un discipulado que va más allá de una conversión superficial. La pedagogía de la pregunta se convierte en una herramienta esencial para hacer discípulos pensantes, comprometidos y que buscan entender y aplicar las enseñanzas de Cristo en su vida cotidiana.

Las preguntas que Jesús planteaba a menudo eran directas e indirectas y abordaban una variedad de niveles, desde lo espiritual hasta lo intelectual. Tenían múltiples propósitos, como fomentar el diálogo, estimular el pensamiento, plantear un proceso de razonamiento, probar el compromiso espiritual y ayudar a los discípulos a aplicar la verdad a sus vidas. Jesús entendía que las preguntas no solo revelan el conocimiento de la verdad, sino también la disposición del corazón y la voluntad de seguirle.

  1. Formación integral.

En la actualidad, las ciencias pedagógicas están evolucionando hacia un enfoque más integral de la educación. Los educadores se esfuerzan por no limitarse a la transmisión de conocimientos, sino por cultivar el aprendizaje holístico que abarca el desarrollo de habilidades conceptuales, habilidades fundamentales transferibles y actitudes positivas hacia la vida y la sociedad. Esta tendencia busca desarrollar las potencialidades humanas en todas sus dimensiones, incluyendo lo socio-afectivo, ético, y biológico. Además, se reconoce la creciente necesidad de trascendencia espiritual en un mundo donde la búsqueda de significado va más allá de lo material.

El Sermón del Monte, registrado en los evangelios de Mateo (capítulos 5 al 7) es un ejemplo notable de la pedagogía de Jesús en acción. En este sermón, Jesús no solo abordó cuestiones espirituales o trascendentales, sino que también tocó aspectos concretos de la vida cotidiana. Proporcionó enseñanzas que abarcaron todas las dimensiones de la existencia humana.

Jesús presentó las bienaventuranzas como un camino hacia la construcción del reino de Dios. Estas bienaventuranzas no solo tratan sobre la moralidad personal, sino que también abogan por una ética de compasión, justicia y amor hacia los demás. Promovió la formación ética de sus seguidores, instándolos a ser "sal de la tierra" y "luz del mundo" (Mateo 5:13-16). Además, Jesús enfatizó la importancia de las relaciones humanas. Abordó el perdón, la reconciliación y la no retaliación, instando a sus discípulos a amar incluso a sus enemigos. Al hacerlo, promovió la formación de relaciones saludables y pacíficas en la sociedad (Mateo 5:21-48).

Aunque Jesús se ocupó de las dimensiones prácticas de la vida, también abordó la dimensión espiritual. Enseñó sobre la oración, la confianza en Dios y la búsqueda del reino de Dios como prioridad (Mateo 6:5-34). La formación integral incluye la dimensión espiritual de la vida humana. También, Jesús no se mantuvo al margen de los problemas sociales de su tiempo. Denunció la injusticia, llamó a cuidar de los necesitados y desafió a las estructuras opresivas. Promovió la formación de una sociedad basada en la equidad y el amor al prójimo (Mateo 25:31-46).

5.   Dignidad e igualdad humana.

Jesús se autodenomina el "Buen Pastor" en Juan 10:11, y esta metáfora nos muestra su profundo compromiso con la dignidad humana. El Buen Pastor da su vida por las ovejas, simbolizando su disposición a sacrificarse por el bienestar y la protección de los demás. Esto ilustra el amor, la misericordia y la esperanza que Jesús brindaba a aquellos que se acercaban a él en busca de sanación y redención.

Los evangelios nos relatan numerosos episodios en los que Jesús sanó a los enfermos, liberó a los endemoniados y alimentó a los hambrientos. Mateo 11:2-6 nos presenta a Jesús respondiendo a la pregunta de Juan el Bautista sobre si es el Mesías esperado. En su respuesta, Jesús destaca que los ciegos recuperan la vista, los cojos caminan y los leprosos son limpiados, demostrando así su capacidad de restaurar la dignidad y la plenitud de vida a quienes sufren.

Una característica distintiva de Jesús fue su disposición a incluir y acoger a todos, independientemente de su pasado o su condición. Comía y bebía con pecadores (Mateo 11:19), tocaba a los leprosos (Lucas 5:13) y permitió que una prostituta le ungiera los pies (Lucas 7:36-50). Estas acciones desafiaron las normas sociales de su tiempo y enfatizaron la importancia de ver más allá de las etiquetas y reconocer la dignidad inherente en cada individuo.

Jesús no solo sanaba cuerpos físicos, sino que también buscaba la restauración espiritual y relacional. En Mateo 5:24, hizo un llamado a la reconciliación, enfatizando la importancia de resolver conflictos y mantener relaciones saludables. Además, instó a amar a los enemigos (Mateo 5:44), un mensaje que trasciende la noción convencional de dignidad humana al pedirnos amar incluso a aquellos que nos adversan.

También, Jesús fue un ejemplo notable de igualdad y apertura en su pedagogía, especialmente en un contexto en el que las mujeres generalmente enfrentaban restricciones en el acceso a la educación y el liderazgo religioso. No hizo distinción de género al enseñar sus principios espirituales y éticos. Él compartió sus enseñanzas tanto con hombres como con mujeres. Un ejemplo destacado es cuando Jesús conversó con la mujer samaritana en el pozo (Juan 4), donde discutió cuestiones espirituales y le reveló su identidad como Mesías. Además, Jesús tuvo mujeres entre sus seguidores cercanos. Las Escrituras mencionan a mujeres como María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, quienes acompañaron a Jesús durante su ministerio y estuvieron presentes en momentos cruciales, como la crucifixión y la resurrección (Marcos 15:40). Asimismo, Jesús confió a las mujeres el importante papel de ser las primeras en dar testimonio de su resurrección. Esto es significativo, ya que, en ese tiempo, el testimonio de las mujeres a menudo se consideraba menos válido que el de los hombres ante la ley.

  1. Cotidianidad y compartir la mesa.

Una de las prácticas más destacadas en la pedagogía de Jesús fue compartir la mesa con otros. Este acto cotidiano se convirtió en un espacio donde se compartían experiencias de vida, pensamientos y emociones. Jesús utilizó la comida como una oportunidad para enseñar, relacionarse y conectar con las personas. En varios pasajes bíblicos, como el relato de la Última Cena (Mateo 26:26-29), vemos cómo Jesús compartió la mesa con sus discípulos y utilizó este momento para impartir enseñanzas cruciales sobre su sacrificio y el significado de la comunión. También compartió la mesa con personas marginadas y pecadoras, desafiando las normas sociales de su tiempo y enseñando la importancia de la compasión y el perdón (Lucas 7:36-50).

Jesús no se limitó a la enseñanza formal en sinagogas o templos. Aprovechó la vida diaria como escenario para impartir lecciones profundas del evangelio. Interactuó con sus discípulos en situaciones cotidianas, a menudo respondiendo a sus preguntas y dudas. Les enseñó sobre la hipocresía de los religiosos después de un conflicto (Marcos 8:15) y aclaró sus inquietudes acerca de la contaminación ritual (Marcos 7:17-23). Este principio nos enseña la importancia de valorar la vida cotidiana como un espacio de aprendizaje significativo. Nos desafía a no limitar la enseñanza a contextos formales, sino a buscar oportunidades para compartir experiencias y reflexionar sobre la vida en comunidad. Compartir la mesa se convierte en un acto simbólico que nos recuerda la importancia de la comunión, la compasión y la enseñanza a través de la vida diaria.

  1. Desaprender para aprender.

Jesús desafió constantemente las interpretaciones erróneas o antojadizas de la Ley de Dios. Un ejemplo claro de esto se encuentra en su concepción del día de reposo o sábado. Según la tradición, el sábado era un día en el que no se podía hacer ningún trabajo, incluso si se trataba de hacer el bien, como sanar a un enfermo. Cuando Jesús sanó a un hombre en el día de reposo, los líderes religiosos lo criticaron por violar esta tradición. Sin embargo, Jesús les respondió con una afirmación poderosa: "El día de reposo fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del día de reposo" (Marcos 2:27). Con esta declaración, Jesús cuestionó la rigidez de la tradición al recordar que el propósito de la Ley era beneficiar a las personas y no esclavizarlas. Los maestros cristianos en la actualidad se enfrentan al desafío de una educación que cuestiona las tradiciones o normas que se imponen sobre las Escrituras. Cuando una tradición limita el pensamiento y la acción de los creyentes en asuntos de fe, forma de vida o participación en la sociedad, es esencial desinstalar esas ideas y tradiciones erróneas. Jesús mismo ejemplificó este principio al desafiar las interpretaciones religiosas que iban en contra de los valores del reino de Dios.

  1. Llamado a la práctica.

Jesús denunció la falta de coherencia ética al confrontar la hipocresía de aquellos que predicaban, pero no practicaban, instando a sus discípulos a obedecer sus enseñanzas mientras evitaban imitar comportamientos incoherentes. En Mateo 23:3, Jesús advierte a sus discípulos sobre la incoherencia de los fariseos, quienes daban enseñanzas pero no vivían de acuerdo con ellas. Les insta a obedecer las enseñanzas legítimas, pero no a imitar las acciones hipócritas de los líderes religiosos de su tiempo. Este pasaje subraya la importancia de que la práctica refleje la enseñanza, un principio fundamental en la pedagogía de Jesús.

Otro ejemplo se encuentra en Mateo 23:23, donde Jesús critica a los fariseos por centrarse en el diezmo, pero descuidar aspectos más importantes de la ley, como la justicia, la misericordia y la fidelidad. Aquí, Jesús enfatiza que la práctica de la fe debe estar arraigada en valores éticos y morales más profundos, y no limitarse a observancias rituales. Su llamado a la práctica implica que los seguidores deben vivir de acuerdo con los principios del amor, la compasión y la integridad en todas las áreas de sus vidas. En Marcos 10:35-45, Jesús confronta los deseos de poder y el espíritu competitivo entre sus discípulos, enseñándoles que el liderazgo en su Reino se basa en el servicio y la humildad. También destaca la importancia del perdón en Mateo 18:21 y Mateo 26:52, desafiando a sus seguidores a practicar la reconciliación y la no violencia en lugar de la venganza.

Estos pasajes ejemplifican cómo Jesús no solo enseñó principios teóricos, sino que también los encarnó en su propia vida y desafió a sus discípulos a hacer lo mismo. Su pedagogía estaba arraigada en la práctica coherente y ética, lo que subraya la importancia de que la fe se refleje en las acciones cotidianas de sus seguidores.

Palabras Finales

La pedagogía de Jesús es un modelo educativo profundamente significativo y relevante que sigue inspirando y guiando a las personas en su búsqueda de la verdad, la comprensión espiritual y la transformación personal. Los principios pedagógicos que emanan de la vida y enseñanzas de Jesús ofrecen valiosas lecciones no solo para la formación cristiana, sino también para la educación en general.

La pedagogía de Jesús enfatiza la importancia de la enseñanza personalizada, la comprensión del contexto, el uso de preguntas reflexivas, la formación integral, el respeto por la dignidad y la igualdad humana, la incorporación de la vida cotidiana en el proceso de aprendizaje, la disposición para desaprender tradiciones erróneas y, sobre todo, el llamado a la práctica coherente y ética. Estos principios ofrecen una guía sólida para educadores y educadoras, líderes y lideresas espirituales y cualquier persona interesada en promover un aprendizaje significativo y una vida guiada por valores profundos.

La pedagogía de Jesús trasciende el tiempo y el espacio, recordándonos que la educación auténtica no solo se trata de adquirir conocimientos, sino de transformar vidas y comunidades. En un mundo cada vez más diverso y complejo, la pedagogía de Jesús nos desafía a ser maestras y maestros compasivos, guías espirituales y agentes de cambio que, al igual que Jesús, se dedican a ayudar a otros y otras a crecer en sabiduría, amor y comprensión. En última instancia, esta pedagogía nos llama a reflejar en nuestras vidas las mismas virtudes que enseñamos, a fin de construir un mundo más justo, amoroso y compasivo. 

 

Referencias

Douglas, J. D., & Tenney, M. C. (2003). Diccionario bíblico: Mundo Hispano. Mundo Hispano.

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